Cómetelo Flaca...

 

Comencé a escribir sobre cocina sana, la cual cocino constantemente en mi casa, cuando mi marido decidió ir al gimnasio. Esta vez no lo enviaban directamente a unas máquinas a ejercitarse sino que le harían una cantidad de exámenes para determinar sus necesidades particulares. Luego de 20 años de casada, estaba interesada en saber qué le harían a mi marido y al llegar éste a casa, con todos sentados a la mesa, pregunté cómo le había ido. Para mi sorpresa y deleite, le habían dicho que estaba muy bien internamente, sus exámenes mostraban un físico maravilloso, especialmente para un hombre con tan alto nivel de estrés y trabajo. En ese momento pensé y dije: ajá… esto es lo que te he dado de comer toda la vida. Además te han dicho lo mismo que yo en cuanto a cómo alimentarse de forma sana. La meta es un punto de equilibrio que se alcanza cuando se logra combinar los buenos hábitos alimenticios y el ejercicio.

Inmediatamente se me ocurrió la idea de escribir sobre el tema, aún cuando me saldría un poco de mi nicho. Acababa de ganar un premio Gourmand al mejor libro monotemático de América Latina y escribía sobre Colombia y la cocina de mi tierra. Encontraba un gran vacío en mis amistades, tanto chefs como ejecutivos, cuando hablaban de preparar comidas muy ricas, bien presentadas, con mucho sabor y color pero muy saludables. Allí pensé: mi libro se va a llamar "Fit Meets Gourmet", o sea, "Salud encuentra a Sabor".

Al viajar para los lanzamientos de mi libro de café y hablando con gente de todas partes, me di cuenta que muchos andaban en busca de cocina rica, fácil de preparar y que además los mantuviera a la línea. Mis lectores no podían creer que estaba en el negocio de la cocina, alimentaba sanamente a mi familia, constantemente atendía invitados y los mantenía a todos en forma. ¿Cuál era el secreto? Y de esa manera comencé a enviarles recetas del diario vivir de mi casa. La respuesta fue maravillosa, todos estaban encantados preparando arroces integrales deliciosos, salsas coloridas y ligeras para carnes y aves, postres y más preparados con productos naturales, frutas y verduras, hierbas y especias que además eran ligeras y fáciles de digerir.

Muchas de mis recetas vienen de años atrás cuando vivía en Colombia, en los 90’s y dictaba cursos de cocina. En esa época era muy difícil conseguir productos importados y por tanto tenía que inventar recetas gourmet y elegantes con ingredientes locales. De todo trabajo sale un arte, pienso hoy en día. Comencé a utilizar lo que mi tierra daba en mayor cantidad y eso eran frutas, verduras, aves, frutos del mar y animales de caza. Recuerdo preparar pato en salsa de agraz, una frutilla morada, hermana silvestre del arándano y que daba una salsa roja casi color vino tinto y un sabor y aroma maravillosos. También comencé a preparar platos con uchuvas, mango, piña, plátano y variedades de cultivos que mis alumnos podían conseguir fácilmente en el mercado. Viajaba y traía las maletas llenas de especias, hongos y frutos secos, nueces y patés de todas partes del mundo.

Durante 4 años estuve visitando mercados y plazas locales, hasta que comenzaron a llegar multinacionales con productos importados y pude comenzar a mezclar nueces, mostazas, aceites, vinagres, vinos y otros productos a mis recetas nuevas. Por primera vez llegaban las pechugas de pavo frescas y las podíamos preparar para otras fechas que no fueran sólo Navidades; llegaban chuletas de cordero de leche, gallinetas, lomitos de ternera, baguettes, panes de campiña y mucho más. Poco a poco los demás mercados fueron adquiriendo hábitos de vender muchas variedades de carnes, frutas y verduras frescas y hoy en día se consigue una gama de productos maravillosos.

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